Paz en la Aflicción.
julio 6, 2010 a las 10:05 pm | Escrito en Prédicas | 1 comentarioEtiquetas: 25 de mayo de 1810, 9 de julio de 1816, Aflicción, Bicentenario, Declaración, Dios, Esperanza, Jesucristo, Paz, Victoria
25 de Mayo de 1810- 25 de mayo de 2010
mayo 24, 2010 a las 8:13 pm | Escrito en Vida cristiana | Deja un comentarioEtiquetas: Argentina, Bicentenario, Dios, Festejos patrios, Identidad nacional, Jesucristo, Pecado., Verdad, Verdadera Libertad

Como ciudadanos argentinos, esta celebración de los 200 años, nos llevan a pensar sobre lo transcurrido desde aquella fecha hasta nuestros días, para encontrar el saldo de este período de tiempo pasado.
Desde la perspectiva de los entendidos
Como nosotros no somos analistas de la historia trascribo algo que me pareció interesante a saber:
Interrogantes Históricos. El Bicentenario de la Revolución de Mayo.
Algunos historiadores, entienden que Mayo es una efeméride más porteña que nacional: surgida de las decisiones de una institución municipal (el Cabildo de Buenos Aires) no es representativa de la voluntad general de los habitantes del virreinato. “La versión difundida de la Revolución de Mayo ha omitido el protagonismo de los pueblos del interior”, afirma el profesor Armando Raúl Bazán, miembro de la Academia Nacional de la Historia. En su libro “Revisión de Mayo” publicado por la Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, sostiene que se debe dimensionar el alcance del pronunciamiento de Buenos Aires en el Cabildo Abierto del 22 de mayo: “Cuando Paso habla de “la hermana mayor”, ya está planteando la raíz del problema de porteños y provincianos, que será el embrión del conflicto de unitarios y federales”…
2. ¿Fue la revolución de mayo una verdadera revolución?
La investigación histórica reciente acuerda que Mayo no es la respuesta política de una nación originaria que encuentra la coyuntura para cortar los lazos coloniales. Así José C. Chiaramonte afirma: “Entonces, el 25 de mayo de 1810 no marcó la irrupción en la historia de una nacionalidad argentina preexistente, en busca de su organización como Estado. Un mito derivado de la preocupación por fortalecer el sentimiento nacional y apoyado en el principio de las nacionalidades -inexistente en tiempos de las independencias- según el cual las naciones contemporáneas habrían surgido de nacionalidades previas, algo también ajeno a los casos de la mayoría y más importantes naciones de Europa y América. La nación es producto y no causa de mayo por lo tanto los proyectos de organización nacional no se basaron en sentimientos de identidad sino en prácticas contractuales (Chiaramonte, J.C. Autonomía e independencia en el Río de la Plata, 1808 1810.) Jorge Myers, por su parte, agrega: “La Revolución de Mayo no marcó el nacimiento de la Nación Argentina, no marcó la consumación de un proyecto revolucionario previamente elaborado, y no marcó tampoco el momento del logro de la independencia”. Por el contrario, sostiene, marca la instancia en que, por primera vez, un gobierno formado por criollos toma el poder de lo que, mucho más tarde, pasaría a llamarse República Argentina… [1]
Desde la perspectiva de ciudadano del llano.
Como habitante de este territorio y por cierto, nada indiferente a la historia del país que me vio nacer, veo en esta celebración un ensayo de libertad por un grupo de patriotas que convocó al pueblo a participar en este proceso de libertad.
Fue un comienzo donde se empezó a gestar la libertad y desarrollo de una entidad en el contexto de las diferentes naciones que habitan el planeta. Pasados estos los años, nos da la impresión de no haber afianzado dicha identidad y mucho menos de haber progresado en el ejercicio de una verdadera soberanía que debería ser la expresión de la libertad conseguida y consolidada.
¿Fue sólo el querer empezar bien y luego no tener la constancia de definir el intento de independencia para consolidarlo en una nación rica en recursos, pero con mucha contradicciones en las que la habitan?
Esta sensación de haber empezado bien y todavía no haber alcanzado la meta, me introduce como pretexto al tema…
La verdadera libertad es la que solo Cristo nos da.
“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”
(Jn. 8: 36).
De eso se trata el ejercicio de la libertad, no solo en lograrla, sino vivir en ella y con ella, siendo un estilo de vida.
Se es verdaderamente libre no solo cuando se conoce la verdad, sino cuando se permanece en ella. Como país nos decimos llamar cristianos, pero ¿actuamos como tales? (Jn. 8: 31)
Si hay algo que conspira contra la verdadera libertad, y por ende la verdad, es la práctica del pecado. Los religiosos del tiempo de Jesús para rechazar las palabras del Maestro, aducían ser del linaje de Abraham, el padre de la fe, cómo sería ser posible ser esclavo si, ellos se decían ser hijos de Abraham. (Jn. 8: 32-33)
Pero, si siendo un país rico, con un pueblo pobre, si se apañan leyes que van contra el orden creacional de Dios, para aceptar casamientos entre personas del mismo sexo, si la verdad siempre se sabe a medias, esta realidad nos dice que como pueblo de la nación, gobernantes y gobernados hemos pecado y lo más triste es que somos esclavos del pecado, tropezando siempre con la misma piedra. (Jn. 8: 34)
El resultado, que el extranjero, a causa de nuestro pecado se queda con lo nuestro y nosotros, como habitantes de un país, perdemos el protagonismo en las naciones a causa de no estar haciendo bien los deberes con nuestro Creador.
¡Argentina, feliz día de la Patria, conmemora estos 200 años del primer grito de libertad, pero por favor, por el bien de tus hijos y para la Gloria de tu Creador, el cual es bendito por siempre, no te olvides jamás, que Si el Hijo del Hombre, Jesús no te libertare, no serás verdaderamente libre!
En este 25 de mayo te saludo como connacional y te instó que no solo exclames un ¡Viva la Patria!, sino también un ¡Gloria a nuestro Creador y a su Hijo Jesucristo, autor y consumador de nuestra fe!
Oración personal de aceptación de la obra de nuestro Señor Jesucristo:
“Padre, en el Nombre de Jesucristo, reconozco que he pecado no haciendo u omitiendo Tu voluntad en todos los actos, pensamientos y decisiones de mi vida; lo confieso, te pido perdón por ello, me arrepiento y deseo, desde este momento que Jesús me limpie con Su sangre. Te recibo como Señor y Salvador de mi vida”
Esta importante decisión, lo guiará a leer las Sagradas Escrituras para interiorizarse del Plan de Dios para su vida, como también, a buscar una Iglesia Cristiana donde pueda reunirse y conocer más de los propósitos de Dios para su vida.
Notas:
* Los pasajes bíblicos son extraídos de la Traducción Reina Valera 1960 on line (biblegateway)
[1] / /www.unc.edu.ar/bicentenario-escuelas/foros/el-bicentenario-de-la-revolucion-de-mayo.-algunos
